Elsa Punset: No es magia, es Inteligencia Emocional
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Elsa Punset

Elsa Punset: no es magia, es Inteligencia Emocional

Lectura: 6 min | 6 Nov 20

Hoy en nuestro blog de IdeasParaTuempresa.es tenemos el placer de entrevistar a Elsa Punset, una de las principales referentes en todo el mundo de habla hispana sobre el tema de la inteligencia emocional, para conocer cómo las empresas y los autónomos de nuestro país pueden hacer frente mejor a esta crisis desde el punto de vista de las emociones. Elsa es licenciada en Filosofía y Letras, Máster en Humanidades por la Universidad de Oxford  y Directora de Contenidos en el Laboratorio de Aprendizaje Social y Emocional (LASE). Ha dirigido y presentado diferentes programas de televisión y ha escrito «Fuertes, libres y nómadas» (su último libro), «Brújula para Navegantes Emocionales», «Inocencia Radical» y el best-seller «Una Mochila para el Universo».

Elsa, desde tu visión como experta en inteligencia emocional, ¿por qué es tan importante para cada uno de nosotros que sepamos gestionar bien nuestras emociones en el día a día?

Si alguna vez te has dicho eso de “Yo soy así, ¡qué le voy a hacer!…”, después de leerme, ¡espero que ya no puedas decirlo! ¿Por qué? Porque tenemos un cerebro emocional, y eso quiere decir que por fin sabemos que las emociones forman parte de nuestra inteligencia, y que por tanto podemos entrenarlas como cualquier habilidad cognitiva. ¡Ojalá aprendiésemos a conocernos y comprendernos en las escuelas, de la misma manera que aprendemos a leer y a escribir!… porque entonces seríamos conscientes de que tenemos un cerebro programado para sobrevivir que tiende a detectar, exagerar y memorizar lo negativo. Ese sesgo negativo nos carga con un exceso de temores y de pesimismo.

¿Cómo crees que puede aplicarse la inteligencia emocional en el mundo empresarial?

Personalmente, he trabajado muchos años en grandes y pequeñas empresas, y me cuesta mucho entender cómo hemos podido, durante décadas, exigir a las personas trabajar en entornos que no tenían en cuenta las necesidades humanas más básicas: necesidades de conexión, de calidad ambiental, de creatividad, de conciliación familiar… Durante años hemos hablado de esas necesidades en el trabajo como si fuesen una utopía. Pero no son una utopía, son solo cuestión de prioridades y valores.

En este sentido, llega la pandemia y pasamos de una media de un 4% de teletrabajo al 40%, en cuestión de meses; y descubrimos, en muchos casos, que las horas pasadas en la oficina o el tiempo lejos de los hijos pueden acortarse. Así que paradójicamente, para muchas personas esta crisis ha supuesto una oportunidad inesperada para respirar y reflexionar, para reevaluar su relación con el tiempo y la productividad, para darle más importancia, tal vez, a la calidad por encima de la cantidad. También hemos tenido más tiempo para recordar que hábitos como la alimentación, el ejercicio y la conexión con los demás también son críticos para concentrarnos y trabajar de forma eficiente.

A medida que regresaremos a la “nueva normalidad”, creo que seremos más conscientes que antes de que el estrés y la ansiedad no son formas de vida aceptables. Tenemos una oportunidad magnífica para que las empresas descarten algunos de los conceptos y procedimientos tradicionales e innoven para atraer talento y mejorar la vida de todos.

Acabas de publicar tu último libro, ‘Fuertes, libres y nómadas’, y allí aseguras que el optimismo es más necesario que nunca… pero, ¿cómo mantenerlo en tiempos tan oscuros como una crisis sanitaria mundial?

Yo te lo planteo al revés: en tiempos extraordinarios, ¿cómo vamos a renunciar al motor de cambio que supone el optimismo? En Fuertes, Libres y Nómadas, desmonto algunos de los mitos que pesan sobre el optimismo, y sugiero formas de entrenarlo como un músculo. ¡El optimismo no es esa mirada ingenua y buenista que algunos le achacan! El optimismo es una actitud activa, resolutiva, más necesaria que nunca en tiempos de crisis. « El optimismo no me paga el alquiler »- escucho a veces. ¡Pero el pesimismo tampoco!… Y en cambio, donde el pesimista se queja y se resigna, el optimista en cambio busca soluciones, resuelve, propone. Por eso los optimistas no solo contagian aliento y fuerza a quienes están a su alrededor, sino que además consiguen beneficios para todos. ¡Necesitamos una epidemia de optimismo!

¿Por qué las empresas deberían fomentar un liderazgo más emocional y empático? ¿Cuáles son las claves para impulsarlo?

Durante tiempos extraordinarios como éstos, redescubrimos por qué necesitamos liderazgos no solo “técnicos”, sino con capacidad para inspirar y acompañar. Se puede hacer de muchas maneras, pero permíteme sugerir esto: hoy más que nunca, es importante comunicar con información y herramientas relevantes y útiles, no solo con estrategias de marketing que no tengan en cuenta el momento concreto que vivimos; y para ser relevantes ahora, escuchémonos- prestando atención y respondiendo a las señales “a pie de calle”, en las redes, y a través de las experiencias cotidianas de los trabajadores de las empresas, para poder seguir vinculado con el cliente, entender lo que necesita, lograr una relación auténtica y humanizada. Porque aunque no siempre podemos solucionar un problema, siempre podemos cuidar y acompañar.

Cuidarnos, actuar como una “cuidadanía”, tiene un enorme valor siempre, pero aún más en tiempos difíciles, en tiempos extraordinarios. Creo que esto forma parte imprescindible de un buen liderazgo.

¿Cómo puede la inteligencia emocional ayudar a muchos autónomos y pequeños empresarios a superar mejor esta crisis de la COVID19? 

Las emociones humanas no son neutras. Nacemos con una tendencia al optimismo o al pesimismo, como nacemos con una tendencia a un cierto peso corporal. Pero de la misma forma que si tenemos hábitos saludables, podemos controlar nuestro peso corporal, si adoptamos los hábitos de vida de los optimistas, nos volvemos más optimistas. ¡Y merece la pena! Los optimistas suelen tener más amigos, mejores trabajos, más ingresos, mejor salud… ¿Por qué? Porque como mencionaba hace un momento, el optimismo no es buenísmo o fantasía, es vivir con la certeza de que ante un problema, eres capaz de adaptarte o de encontrar una solución. ¡El optimismo es la energía que mueve el mundo! Necesitamos una epidemia de optimismo.

Elsa Punset
Fotografía: Carlota Lobo

La incertidumbre se ha convertido en una variable con lo que vamos a tener que convivir en los meses futuros ¿de qué manera podemos transformar esos posibles miedos y desconfianza hacia el futuro en nuevas oportunidades de desarrollo y crecimiento personal y profesional?

Tenemos un cerebro programado para sobrevivir, con sesgo negativo, que teme la incertidumbre. Así que ahora mismo, ¡estamos justo en el escenario más desagradable para nuestro cerebro! Y además, estamos inmersos en la recesión más profunda que ha vivido esta generación. Pero sin menospreciar las enormes dificultades que esto supone, pienso que también podemos verlo como una oportunidad para sumarnos a la innovación que la crisis está catalizando en todos los sectores.

¿Cómo podemos transformar el miedo en palanca de cambio? Pues decía Leonard Cohen que “todo tiene una grieta- así es como entra la luz.” La felicidad es un concepto complejo. No es solo placer y comodidad. A veces, la felicidad está en es sentir que estás haciendo todo lo que puedes por salir adelante, por proteger a tu comunidad y por aportar propuestas constructivas para que el mundo mejore. Y los expertos nos dicen que la mejor forma de superar un reto difícil es aprender algo de ello- que la experiencia no haya sido en vano. Dejarse transformar por las experiencias puede ser una forma inesperada de extraer un valor de las circunstancias adversas.

¿Crees que la pandemia será el motor de transición hacia una sociedad más justa o por el contrario servirá para potenciar valores negativos como el egoísmo?

Yo apuesto que, a medio plazo, la pandemia acelerará muchos de los cambios a mejor que tanto necesitamos. ¿Por qué? Porque a lo largo de la historia, las grandes crisis- guerras, revoluciones, catástrofes naturales y pandemias- nos han obligado a reconstruir, y la tendencia durante esos procesos de reconstrucción es hacia una mayor justicia social.

Las personas, como las sociedades, se articulan en base a una serie de valores y prioridades. Tenemos ahora una oportunidad única para replantearnos los valores que articulan nuestra sociedad. ¿Se impondrán nuestras tendencias codiciosas y miedosas, o prevalecerá la justicia y la empatía? Ambas coexisten en nuestra especie. Es una elección consciente, individual y colectiva. La lucha más difícil es contra la indiferencia, la codicia, el cinismo o la resignación- las actitudes que se niegan a tener esperanza y a ponerse manos a la obra. Pero si millones de personas luchamos por formar parte de un mundo valiente, verde, tecnológico, conectado- es decir, humano en el mejor sentido- ese mundo emergerá poco a poco.

¿Cómo ha contribuido el mundo digital a que superemos mejor esta crisis?

Es la tecnología la que nos ayuda a conectarnos, comunicarnos, acceder a información y conocimientos, influir, curarnos, construir, reparar… Y afortunadamente, al contrario de lo que pasó durante la presté negra en la Edad Media, o con la Gripe de 1918, ahora contamos con la tecnología necesaria para superar esta pandemia.

Así que no podemos olvidar que a pesar de los retos y los inevitables problemas, vivimos en tiempos extraordinarios, sumidos en esta revolución digital, tecnológica. Si me lees pero todavía no lo ves claro, pregúntate esto: “Si pudieras elegir, ¿en qué época elegirías nacer?” Casi todos elegiríamos esta época, el siglo XXI, y más aún si perteneces a algún colectivo vulnerable- si eres niño, mujer, si estás enfermo… Sin dudarlo, ésta es la mejor época para nacer y vivir.

¿De qué forma las empresas pueden ser impulsores de un cambio de valores (sostenibilidad, inclusión social e igualdad de oportunidades, colaboración y co-creación…) en beneficio de toda la sociedad?

Las empresas- y los consumidores que las eligen- tienen un papel fundamental que jugar en la transición hacia un mundo más creativo, sostenible y justo. Ahora mismo, hay estudios que muestran una tendencia que se está acelerando: el 64 por ciento de los clientes prefieren comprar marcas socialmente responsables- y esa cifra ha crecido significativamente en los últimos dos años. Es decir, los clientes, cada vez más, aprecian que la empresa se ocupe del cliente, pero también quieren que tenga un impacto positivo en la comunidad y del planeta. Y así es como podemos lograr cambios históricos: con decisiones individuales éticas e inteligentes, y empresas que saben responder a esa tendencia imparable.

La destrucción que supone esta pandemia se hará menos dura, porque cobrará mayor sentido, si reconstruimos mejorando nuestra forma de vivir, de convivir y de trabajar.

 

Muchas gracias Elsa por tu entrevista y por compartir con nosotros tus reflexiones y tu visión sobre cómo la Inteligencia Emocional contribuye positivamente a crear espacios de trabajo más colaborativos, felices y productivos para las empresas ¡Gracias Elsa!

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