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Gamificación: el juego llega al mundo de los negocios

Gamificación: el juego como estrategia para tu negocio

Lectura: 4 min | 25 Ago 16

A todos nos gusta jugar. Pero no nos limitamos a hacerlo en nuestro tiempo de ocio. La gamificación afecta a todos los órdenes de la vida: también a la forma en que trabajamos y en que consumimos. Los clientes disfrutan cuando les proponemos algo más que una simple transacción. 

¿Cuándo fue la última vez que jugaste a algo? Seguramente te acuerdes. A lo mejor no tanto del juego en sí como de lo que experimentaste, lo que te hizo sentir o lo que te enseñó. El juego tiene ese poder: nos involucra de una manera especial, logrando que retengamos mucha más información que con cualquier otra actividad.

Todo el mundo coincide en que es una actividad fundamental en el desarrollo de los niños. Gran parte de su desarrollo cognitivo, sensorial y, por tanto, de su personalidad, está fundamentado en él. Pero a medida que nos hacemos mayores y que progresamos en el aprendizaje, el juego adquiere connotaciones exclusivamente lúdicas y de esparcimiento. Como si solo pudiéramos aprender a través del esfuerzo y haciendo cosas aburridas.

Sin embargo en los últimos años se está produciendo una evolución en determinados entornos educativos y empresariales que, junto a la omnipresencia de las TIC en nuestra vidas, están diseñando el panorama perfecto para que el juego adquiera de nuevo su faceta de aprendizaje y enriquecimiento que lo caracteriza.

Es lo que se conoce como gamification o gamificación, trasladar elementos del juego a entornos que, en principio, tienen poco de lúdico. O dicho de otro modo, aplicar los aspectos divertidos y que nos enganchan del juego en procesos o entornos que no lo son, para que lo sean. Una tendencia que cada vez se observa en más áreas y que, según un informe de Research and Markets, seguirá creciendo exponencialmente durante los próximos tres años hasta un 48%.

Un ejemplo de gamificación serían los business games o simuladores empresariales, especialmente diseñados para adquirir y desarrollar habilidades en gestión empresarial y competencias como el emprendimiento, la innovación o la toma de decisiones.

Lo que hacen estos simuladores es crear un entorno virtual donde se le plantean al usuario situaciones y problemáticas similares a la que pueden darse en una empresa en la vida real. Con la ventaja de que no existe el riesgo y puede aprender a partir de un sistema de prueba-error.

Una de las claves del éxito de este tipo de herramientas es su enfoque práctico. Porque está demostrado.


Cuando nos involucramos de manera activa en un proceso de aprendizaje, nuestra memoria retiene más del 80% de la información.


 

Pero el poder de la gamificación va más allá, gracias a su carácter competitivo que engancha al usuario. Consigue así involucrarlo y predisponerle a recibir la información, porque le está entreteniendo. Se consigue así el tan sonado engagement.

Imagínate entonces las posibilidades que plantea la gamificación para promocionar tu negocio. Con la saturación de mensajes que reciben los consumidores, la única manera que tenemos de que nos escuchen y valoren consumir nuestros productos o servicios es diferenciándonos y ofreciéndoles algo que enganche. Y si encima les entretiene, mejor que mejor.

En este vídeo de BBVA podemos ver un ejemplo de gamificación asociado a la NBA. Se trataba, ya en 2012, de captar y fidelizar clientes a través de un juego que aparentemente no esperábamos en una entidad bancaria.

Otra marca que utilizó con especial creatividad las posibilidades de la gamificación fue Smart. En este vídeo verás cómo moviliza a los peatones en una acción para concienciar sobre la seguridad vial. Una iniciativa que nos recuerda a los flashmobs pero que apela más a la individualidad que a la colectividad.

¿Cómo aplico la gamificación en mi estrategia de marketing?

Antes de nada tienes que saber para qué querrías hacerlo, con qué objetivo: divulgar tu empresa, lanzar una promoción, generar imagen de marca, retener y fidelizar… Si tienes esto claro sabrás cómo quieres que se comporten los usuarios en el juego, y por tanto cómo construirlo.

Una vez que hayas marcado el objetivo, lo siguiente es preguntarse ¿qué les gusta a mis consumidores o a mi target? Si sabes lo que les motiva y conoces sus intereses, será mucho más fácil diseñar un juego que les atraiga.

Por ejemplo, si tu empresa es una marca de ropa deportiva puede ser que a tus consumidores les interese un juego que les ayude a controlar sus constantes vitales. Si por el contrario te dedicas a la instalación y mantenimiento de sistemas de aire acondicionado quizá una buena idea será ofrecerles un juego que les ayude a reducir el consumo energético y a compararlo con el de los vecinos.

Si lo que quieres es incentivar las ventas, siempre puedes obsequiar las compras con puntos que les permitan a los usuarios subir de nivel en el juego; o al revés, que estos acumulen puntos que luego puedan canjear por descuentos en tu tienda.


Para que tu estrategia de gamificación resulte efectiva, tiene que incluir estos elementos: que les ofrezca una recompensa a los jugadores y fomentar la competición.


Tiene lógica: piensa en los incentivos salariales y en lo efectivos que son para motivar a los empleados. Con las recompensas en los juegos pasa algo parecido. Cuando el usuario se comporta de determinada manera o alcanza cierto objetivo, podemos ofrecerle desde descuentos a regalos o premios intangibles, como puntos, para que los usuarios sigan jugando y logren un premio final real.

La competitividad por su parte aporta un ingrediente extra de interés. Porque no lo neguemos, el ser humano tiene necesidades e inquietudes relacionadas con el ego o el estatus que pueden verse satisfechas cuando gana a otros “adversarios”.

Ni que decir tiene que tu juego debe estar optimizado para todos los dispositivos, para que el usuario pueda acceder a él desde donde prefiera, y sobre todo: tiene que ser divertido. Esto es un reto a la hora de aplicar la gamificación. De lo que se trata es de que el usuario lo pruebe, juegue, y quiera repetir. Que no se canse.


El juego tiene que ser fluido; es decir, que le plantee retos al usuario, pero sin pasarse, ya que si es demasiado complejo puede que acabe abandonándolo.


Nunca es mala idea aplicar la gamificación a tu estrategia de marketing, porque la mejor forma de cambiar el comportamiento de las personas es haciendo que se diviertan.

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